Evolución del activismo gráfico
Por Daniel Montejo Ruiz
Según Sosa (2007) si se quiere hablar de la historia del activismo gráfico es necesario hablar de la historia del cartel, empezando con los padres del cartel como Jules Cheret y Tolouse Lautrec para el año de 1869, un medio clásico de la publicidad cinematográfica y del mundo del espectáculo, en que también anuncian eventos y funciones comerciales al estilo Art Noveau.
Luego los orígenes técnicos del cartel se trasladan a la invención de la litografía en manos del alemán Aloys Senefelder entre 1796 y 1805. Después el cartel en el futurismo y el cubismo en que el diseñador francés Cassandre declaro que el cartel dejo de ser un objeto de exposición para convertirse en una “máquina de anunciar”.
Para la década de los 90, Herbert Bayer en 1926 crea el cartel para una exposición de Kandinsky, luego Max Bill crea el cartel de una exposición sobre el color en1944, Jose Muller Brockman crea el cartel sobre el concierto de Bethoven en1955 y luego Josep Renau crea el Cartel para una corrida de toros en 1935.

Luego se crea la imagen del cartel del reclutamiento para la Armada de los Estados Unidos de América por James Montgomery Flagg en 1994, el Cartel Bosnia mar de sangre Diseñado por Cedomr kostovic, el Cartel Revista Mladina en 1995, la imagen del secretario general de la ONU besando el trasero de Slodoban Milosevic.
Más adelante para la década del siglo XIX se crea en 1995 para Unable. El cartel los incapaces las naciones unidas, en 2001 el cartel la Costura y luego en 2002 los carteles, No más guerra contra Iraq, Baño de sangre entre Israel y palestina por Yossi Lemei y rescatando los Carteles contra Bush, EEUU en Iraq No a la guerra en 2003 por el diseño Renato Arando Rodríguez
Mirando los años 60, según Fortea (2012), hizo su aparición el estilo pop llenando de nuevos contenidos el mundo del arte y del diseño en Barcelona, una gráfica reconocible que pueden diferenciarse en tres períodos distintos. La primera etapa se inicia en 1962, con proyectos culturales, como el sello discográfico Edigsa y la colección de novela negra La cua de palla, proyectos realizados por Jordi Fornas, En 1968 comienza la etapa de pleno desarrollo de la gráfica pop de la manode dos diseñadores gráficos, América Sánchez y Enric Satué. participarían en el lanzamiento de dos nuevas publicaciones de la historia del diseño gráfico catalán: La Mosca (1968) y CAU (1970).
Por último, coincidiendo con la época de transición hacia la democracia vivida en el Estado español, en 1975 comienza la tercera etapa, en la que, junto con la influencia norteamericana, se desarrolló un estilo pop,
Después de la Segunda Guerra Mundial, surgió en Polonia una gráfica del cartel al servicio del Estado y de la sociedad comunista, con la que se comercializarían ideas, mas no mercancías, con un estilo que se utilizó la ilustración conceptual y la expresividad en los trazos y el color. Polonia demostraba a la escuela suiza que era posible un estilo opuesto al racionalista y cumplir una función social. Entre sus representantes están; Tadeusz Trepkowski (1914-1956), primer artista polaco de después de la Segunda Guerra Mundial, es considerado el inspirador de la escuela, pero Henryk Tomaszewski (1914-2005) se convertiría a su muerte en el líder espiritual. Destacan también Jan Lenica (1928-2001) y Roman Cieslewicz (1930-1996), entre otros.

Con la crisis de mayo del 68, países como Francia y Holanda seguirían la tradición polaca, aplicando este estilo en la gráfica de protesta. Tras la revuelta estudiantil en París, una gráfica expresiva se ponía al servicio de las protestas estudiantiles, propuestas que querían alejarse de la publicidad y del sistema capitalista. El colectivo Grapus nació en 1970 con la intención de dirigir sus propuestas gráficas a fines políticos, claramente de izquierdas, sociales y culturales.
En Vallaza (2013), analiza la relación existente entre las nuevas tecnologías, el arte contemporáneo y el activismo político. Lo cual se analizarán algunos casos específicos de activismo político y arte: Geert Lovink, Guerrilla Girls y Post Urbano.
Durante la década del 90, en pleno auge de la Internet, Geert Lovink, critico holandés, busco vincular el arte contemporáneo con el activismo político, utilizando como soporte las nuevas tecnologías y en particular la Internet.
En el caso de Geer Lovink, y lo que se conoce como “bloggin”, para desentrañar la relación entre los contenidos generados en blogs y las industrias culturales como la editorial y la audiovisual cuya intención es generar un discurso político y crítico, ante las corporaciones multinacionales que monopolizan la producción de contenidos.
Las Guerrilla Girls quienes desde el campo del arte libran una lucha feminista en contra de las injusticias sociales, la discriminación y racismo dentro del mundo del arte, la moda y la política. Como referente, está el trabajo de un colectivo de artistas de la ciudad de Rosario (Argentina) con el proyecto Post Urbano. El objetivo es que la ciudad sea intervenida por usuarios y ciudadanos en un entorno de colaboración, construyen los significados de sus propios acontecimientos tomando como plataforma tecnológica la herramienta Google Map.
Según Pelta (2012) en el artículo «Diseño y activismo. Un poco de historia», a finales de la década de los 1990, se ha ido construyendo un discurso en torno al diseño como herramienta poderosa, capaz de mejorar las condiciones de vida de las personas, frenar el deterioro medioambiental por medio de, informar, divulgar y propagar mensajes de producción con sentido social, político y comercial, si nos referimos al gráfico con fuertes implicaciones éticas.
El diseño en la sociedad de la información
Para 1990 se cerraron con el First Things First Manifesto 2000, dicho manifiesto puso una postura de compromiso que subrayaba el poder y la responsabilidad de la profesión ante una posición privilegiada dentro de la cultura contemporánea de los firmaron el manifiesto.
De ahí en adelante el diseño se ha politizado, ha aparecido un activismo de amplia difusión que tuvo uno de sus puntos culminantes en el año 2003, durante la movilización contra la Guerra de Irak, en torno a los movimientos de indignación y protesta surgidos en numerosos países a lo largo de 2011 o en la lucha contra el cambio climático, que son las dos grandes causas que acaparan la atención de los diseñadores en estos momentos.
Para muchos el diseñador es un agente fundamental en la nueva Sociedad de la información y el conocimiento. Así lo dice Manuel Castells cuando afirma que: el diseño puede convertirse en un mecanismo esencial de innovación cultural y autonomía intelectual en la sociedad informacional a través de crear resistencia para la conservación del significado en la generación del conocimiento en la conciliación de la cultura y la tecnología y la búsqueda de nuevas perspectivas en las que el compromiso social esté presente.
Por una cultura industrial
Según Rick Poynor a comienzos del 2000, decía que “vivimos y respiramos diseño”, o dicho en palabras de Richard Buchanan: “no hay ningún área de la vida contemporánea donde el diseño no sea un factor significativo a la hora de dar forma a la experiencia humana.”
El papel del diseño se ha ido transformándose a medida que cambia la sociedad de la que es producto y para la que trabaja. La globalización a experimentado nuevas tecnologías que aceleran las comunicaciones y sus relaciones con el medio ambiente o nuestro entorno transformando al diseño en un proceso de cambio social para mejorar el sistema en el que vivimos. En un mundo consumista en el que el diseño es una herramienta clave para despertar el deseo de compra. En ese sentido Nigel Whiteley comenta que las estructuras del mercado según el estrato económico, junto con las ideologías consumistas del diseño son particularmente problemáticas cuando refuerzan el individualismo y trabajan contra la posibilidad de una visión social del diseño, como el caso de la emigración de diseñadores argentinos en la década de 2000 a causa de la crisis económica que asoló su país, en que le faltaba a un país eran soluciones alternativas e innovadoras.
Al ver el consumo en todos lados nos hacemos la pregunta ¿es posible ejercer una práctica alternativa que sea algo más que una resistencia trivial?
En el caso de, Nigel Whiteley ha reflexionado sobre las diversas facetas de un diseño alternativo y de las muchas contradicciones que existen en su práctica. Este autor denomina diseño “socialmente útil” realizado dentro del sistema. Parte de las críticas al diseño, acusado de cómplice de las fuerzas del mercado o del consumismo, proceden del propio mundo del diseño. Esto puede parecer paradójico si miramos a nuestro alrededor la gran cantidad de producción de diseño que se encuentra a nuestro alcance, pero desde el siglo XIX, ha generado su propia teoría social en que diseñadores creen en que la misión del diseño es la de mejorar la sociedad.
Diseño gráfico consciente
Hay que pensar como el diseño sea algo más que una herramienta impulsora del consumismo y se convierta en un diseño “socialmente útil”, al que se refería Whiteley o de un “diseño consciente”, en terminología de John Thackara, quien lo ha definido como un modo de trabajar apoyado en la idea de que la ética y la responsabilidad pueden informar las decisiones de diseño sin constreñir la innovación social y el desarrollo tecnológico que necesitamos llevar a cabo.
Practicar un “diseño consciente” supone ser sensible al contexto y a las relaciones e implica: pensar en las consecuencias de las acciones de diseño antes de ponerlas en marcha. Tomar en consideración qué material y energía están presentes en los sistemas que diseñamos. Dar prioridad a la entidad humana dando valor a las personas. Tratar el “contenido” como algo que hacemos, no como algo que vendemos. Concebir el lugar, el tiempo y la diferencia cultural como valores positivos, no como obstáculos. Y centrarse en los servicios y no en las cosas y abstenerse de inundar el mundo con artefactos carentes de sentido.
Todavía estamos lejos de un “diseño consciente”, estamos en un momento de toma de conciencia, como lo demuestran las iniciativas del AIGA que ha puesto en marcha Design for Good, cuya finalidad es animar y reconocer los proyectos de diseño socialmente comprometidos “un movimiento para encender, acelerar y amplificar el diseño impulsado por el cambio social” sin olvidar su orientación activista con un claro posicionamiento de denuncia y protesta en que “activismo”, lo entendemos como: “Dedicación intensa a una determinada línea de acción en la vida pública.”
Hoy en día y según Cepeda y Santos (2012) no son muchas las escuelas de diseño que han incorporado la dimensión ética a sus enseñanzas. el arte activista y el diseño gráfico pueden ayudar a concienciar a profesores y estudiantes sobre los problemas sociales. «El diseño gráfico es un medio ideal para denunciar los problemas sociales.»
Dentro del diseño social, ese abarca el diseño visual socialmente responsable, donde el diseño está comprometido con lo político que busca concientizar, activar y conmover a los usuarios por medio de imágenes, con sus objetivos como: la concientización sobre una situación problemática, la movilización ciudadana entorno a una causa y el recaudar fondos.
A partir del anterior recorrido histórico por la gráfica reivindicativa tiene como objetivo prioritario la convocatoria a la manifestación de protesta. De su eficaz difusión del mensaje depende en gran parte el éxito, que muchas veces se pretende medir por el siempre conflictivo recuento del número de participantes. Pero el éxito de la manifestación también depende de la puesta en escena y de la capacidad de persuasión social hacia los medios de comunicación. El diseño gráfico contribuye con la creación de impactantes pancartas, carteles, camisetas, etc. que hagan más persuasivo el mensaje y ofrezcan un interés periodístico. Estos medios son una de las plataformas más efectivas de difusión, en que se diseña no sólo pensando en el manifestante sino también teniendo en cuenta al periodista, al reportero gráfico.
La gráfica subversiva, insurgente o revolucionaria ataca directamente a la doctrina política establecida, adquiere un gran sentido imperativo y apela claramente a las emociones para conseguir una fuerte movilización ideológica. Su objetivo es pasar a la acción y conseguir un activo proselitismo.
Existen gráficas que al parecer están comprometidas que proceden de la empresa privada que en ocasiones ha generado fuerte polémica. Benetton se hizo famosa por las peculiares campañas publicitarias del fotógrafo Oliviero Toscani. Lo sorprendente de ellas fue que se hacía alusión a las guerras, al drama del sida, a la esclavitud y la única referencia directa al producto anunciado era la discreta presencia del logotipo. Lo lamentable es que muchos vieron gran perversión en estas campañas en que muchas empresas que reciben constantes críticas de los activistas por sus prácticas poco éticas, amortiguan con éxito su mala imagen disfrazándose de ONGs.

Bibliografía
Sosa S. 2007. Carteles de protesta-Arte De disidencia. Licenciatura en Diseño Gráfico.
Vallazza E. (2013) Nuevas tecnologías, arte y activismo político
Fortea A. (2012) Las primeras manifestaciones de la gráfica pop en la
Barcelona de los sesenta.
Raquel Pelta. (2012) Diseñar para el cambio social. Monografica.org